jueves, 6 de noviembre de 2008





LAS MASCARAS

Paralelamente a la celebración de Todosantos en Suchilquitongo, existe una costumbre de gran arraigo y aceptación general: las máscaras.

Evolución.

De acuerdo a testimonios orales, al inicio de los años 30’s las máscaras no existían, lo que se acostumbraba entonces era el “juego del oso” en donde algunos jóvenes se metían en una cobija a la cual daban la forma de éste animal e iban de casa en casa haciendo travesuras ya sea desatando a los burros y marranos o bien abalanzándose sobre quienes los veían(1) .


Posteriormente, según relata la Sra. Asunción Chávez del Barrio de la Reforma, en el año de l934 o l935 su hermano, el Sr. Adalberto Chávez junto con otros amigos -Manuel Hernández alias “El zorrita” y Eligio Vásquez- inventaron el cuadro de las máscaras y los disfraces además de componer los versos del muerto. Por otro lado, el Sr. Fidel Martínez Crespo del Barrio del Peñasco también brindó su testimonio narrando que él y algunos de sus contemporáneos introdujeron esta costumbre en 1934 enseñados por un maestro de Tlaltinango. Sin embargo las máscaras parecen ser generales en todo el Valle de Etla y aunque en algunos pueblos ha degenerado en un simple carnaval con vistosos ropajes, la raíz debió ser común.

Sea cual fuere su origen, el peculiar atuendo de las máscaras y el acto del muerto son producto del ingenio suchilquiteco y por ello vale la pena rescatar y conservar la esencia de este acto e impedir así que se convierta a la larga en una muy pobre copia del Halloween norteamericano.



Primera parte del testimonial de Las Máscaras 2008.

(1) Testimonio del Sr. Aarón Ramos, entrevistado por la AVISU.







El cuadro original.

Desde la aparición del primer cuadro de máscaras ya se contaba con ciertos personajes perfectamente definidos: el viejo, la vieja, los diablos (uno grande y dos chicos), la muerte, el doctor y su ayudante Alí, el cura y su acólito Trujillo, la viuda y el espiritista así como diversos acompañantes disfrazados de hombres y mujeres(2). Vale la pena mencionar a un personaje que ha desaparecido de los cuadros actuales: el tecolote, cuya función era cantar fúnebremente al moribundo.

Vestimenta.

La indumentaria de todos los personajes se distingue por el empleo de manta para su manufactura, única tela a la que tenía acceso la mayoría de personas. En el caso de los hombres, se usaban calzones de “fundillo” con remiendos y camisas del mismo material así como máscaras de cartón; las mujeres se vestían con enaguas largas y blusas de “cajón”, rebozo negro con pintas blancas y máscaras del mismo material. Todos usaban huaraches de “pata de gallo” fabricados con suelas y correas de cuero (Figura 1)




Figura 1. Huaraches de pata de gallo


El viejo y su acompañante -la vieja- vestían a la misma usanza aunque con adiciones: el primero portaba un rifle a la espalda; terciado en uno de los hombros un garnil de cuero con vidrios u objetos metálicos que tintineaban como dinero con el cual “pagaba” sus servicios al doctor, cura y espiritista respectivamente y un garrote o carrizo en cuyo extremo colgaba una ardilla disecada (Figura 2)


Figura 2 Indumentaria mínima del viejo.

La vieja, además de las enaguas y blusa parchadas, cargaba una canasta de asa y un tenate de los llamados “tecos” (Figura 3)


Figura 3. Vestimenta de la vieja y de las acompañantes femeninas


Los diablos vestían trajes con franjas de color rojo, negro y amarillo, capas de los mismos colores con cascabeles, máscaras y cuernos de trapo y en la diestra portaban sendos machetes (Figura 4)





Figura 4 Vestimenta de los diablos

La muerte únicamente se envolvía en una sábana blanca dejando ver la máscara que representa a una calavera y en lugar de guadaña asía un carrizo con un gancho en el extremo superior (Figura 5)





Figura 5. Vestimenta de la muerte

La persona que se disfrazaba de tecolote, además de usar una máscara de cartón que representaba a esta ave simulaba las plumas con un traje de rayas negras y blancas (Figura 6)



Figura 6. Máscara de tecolote


Sobre la vestimenta del doctor, el cura, los ayudantes y el espiritista no se tiene noticia aunque es de suponer que la de los tres primeros era muy semejante a la actual y la del último, por tratarse de un personaje del pueblo, similar a la del resto del grupo.

La música.

De acuerdo al testimonio de la Sra. Asunción Chávez, el primer cuadro de máscaras bailaba acompañado de la música de un fonógrafo que cargaban de casa en casa en una carretilla, en años posteriores se utilizó el salterio el cual ejecutaba diestramente un señor apodado “Pancho Salterio” y en otras ocasiones se empleó la armónica. Las piezas interpretadas eran las de boga en aquel entonces: “El pajarillo”, “El adolorido”, “La rielera” y “Atotonilco” por mencionar algunas.



















(2) Un dato curioso es que en las máscaras no participan mujeres, éstas son caracterizadas por hombres.
El cuadro actual.

Aunque algunos versos del muerto han cambiado, se conserva la mayoría de los originales al igual que los nombres y características de los personajes más importantes; como toda tradición que sobrevive al paso del tiempo, ha habido adaptaciones como es el uso de máscaras de plástico, atuendos modernos de las mujeres tales como vestidos escotados y minifaldas, zapatos de tacón, exuberantes pelucas y en últimas fechas se ha introducido la celebración de una boda como atractivo adicional. A pesar de ello algunos personajes actuales conservan la esencia de los disfraces: el viejo aún se viste de manta y porta huaraches, la vieja –su esposa- usa enaguas y blusa tradicional; los diablos siguen vistiendo de rojo y ocasionalmente se les puede ver con su traje multicolor y máscaras de trapo; la muerte se cubre con una sábana y todavía se le puede ver con su gancho de carrizo.
Las máscaras y el Halloween.

En últimas fechas, debido a la influencia de los medios masivos de comunicación, la tradición de todosantos sufre los embates del Halloween norteamericano.

Esta costumbre gringa –cuyos orígenes se remontan a la época del paganismo en Europa- es llamada también “noche de brujas” y consiste en disfrazarse de cadáveres, fantasmas, brujas, momias, etc., e ir de casa en casa solicitando dulces realizando bromas a quien no se los da. Nada tiene que ver con nuestra propia tradición de Todosantos de raíces prehispánicas combinada con el catolicismo de los primeros años de la Colonia.

La juventud –muy dada en imitar modas y tendencias extranjeras- ha retomado el Halloween sin saber que con ello está socavando sus propias raíces culturales; debido a que no reciben la orientación adecuada recurren a vestirse como personajes hollywoodenses (este Noviembre del 2008 fue verdaderamente patético observar multitud de disfraces estrambóticos: un centurion romano, un espantapájaros, zombies, etc., y el colmo: ¡¡un duende irlandés!!) desvirtuando con ello la verdadera esencia de la tradición, esta problemática aunada a la del nivel preescolar en donde las educadoras y padres de familia –cómplices involuntarios- disfrazan de este modo a los niños y organizan “desfiles” que parodian a las verdaderas máscaras ¿que destino le espera a esta tradición? ¿no sería mejor disfrazar a los niños de viejitos, viejitas, diablitos, curitas, espiritistas, tecolotitos, muertecitas e inculcarles de esta manera sus propias costumbres? No hay necesidad de adoptar costumbres extranjeras teniendo las nuestras mucho más auténticas y de mayor riqueza como es la fiesta de Todosantos y sus máscaras.
El muerto.

Toca el turno al acto del muerto: se trata de una muy bien elaborada trama con un fuerte trasfondo social en donde se ataca a ciertos estratos de la población. Por ejemplo, quienes han visto la dramatización saben que el médico es incapaz de curar al enfermo lo cual se puede leer entre paréntesis como el fracaso de la medicina occidental, de igual manera el clero tampoco puede aliviar al moribundo y es aquí donde se le satiriza: el cura y su auxiliar al cantar el responso en supuesto latín únicamente demuestran su interés por lo que les van a dar de comer y por el destino de las hijas del enfermo y su esposa. No obstante se le reconocen sus méritos ya que logran ahuyentar a los diablos, la muerte y el tecolote que merodean al paciente amenazando con llevárselo.

Por último, el espiritista o “espirituista” –el héroe de la trama- un personaje del pueblo, heredero de la sabiduría ancestral y de la terapéutica a base de hierbas revive al agonizante proclamando con ello el triunfo de la medicina tradicional sobre la ciencia y la religión representados por el doctor y el cura respectivamente.


lunes, 3 de noviembre de 2008



Conclusión.
Se dice que no existe crítica constructiva por mucho que se disfrace y esta ocasión no es la excepción: para no dejar todo en el simple discurso proponemos formar un Comité de Autenticidad de Las Máscaras ya que se corre el riesgo inminente de que esta tradición degenere en algo totalmente ajeno a su verdadero sentido. Lo mas importante ya está hecho: la investigación, resta entonces reunir un equipo de trabajo para que participe tanto en la representación como en la manufactura de los atuendos y las máscaras. Los interesados pueden contactarnos en cualquiera de los correos que aparecen en la página de Suchilquitongo.