Las máscaras y el Halloween.
En últimas fechas, debido a la influencia de los medios masivos de comunicación, la tradición de todosantos sufre los embates del Halloween norteamericano.
Esta costumbre gringa –cuyos orígenes se remontan a la época del paganismo en Europa- es llamada también “noche de brujas” y consiste en disfrazarse de cadáveres, fantasmas, brujas, momias, etc., e ir de casa en casa solicitando dulces realizando bromas a quien no se los da. Nada tiene que ver con nuestra propia tradición de Todosantos de raíces prehispánicas combinada con el catolicismo de los primeros años de la Colonia.
La juventud –muy dada en imitar modas y tendencias extranjeras- ha retomado el Halloween sin saber que con ello está socavando sus propias raíces culturales; debido a que no reciben la orientación adecuada recurren a vestirse como personajes hollywoodenses (este Noviembre del 2008 fue verdaderamente patético observar multitud de disfraces estrambóticos: un centurion romano, un espantapájaros, zombies, etc., y el colmo: ¡¡un duende irlandés!!) desvirtuando con ello la verdadera esencia de la tradición, esta problemática aunada a la del nivel preescolar en donde las educadoras y padres de familia –cómplices involuntarios- disfrazan de este modo a los niños y organizan “desfiles” que parodian a las verdaderas máscaras ¿que destino le espera a esta tradición? ¿no sería mejor disfrazar a los niños de viejitos, viejitas, diablitos, curitas, espiritistas, tecolotitos, muertecitas e inculcarles de esta manera sus propias costumbres? No hay necesidad de adoptar costumbres extranjeras teniendo las nuestras mucho más auténticas y de mayor riqueza como es la fiesta de Todosantos y sus máscaras.
En últimas fechas, debido a la influencia de los medios masivos de comunicación, la tradición de todosantos sufre los embates del Halloween norteamericano.
Esta costumbre gringa –cuyos orígenes se remontan a la época del paganismo en Europa- es llamada también “noche de brujas” y consiste en disfrazarse de cadáveres, fantasmas, brujas, momias, etc., e ir de casa en casa solicitando dulces realizando bromas a quien no se los da. Nada tiene que ver con nuestra propia tradición de Todosantos de raíces prehispánicas combinada con el catolicismo de los primeros años de la Colonia.
La juventud –muy dada en imitar modas y tendencias extranjeras- ha retomado el Halloween sin saber que con ello está socavando sus propias raíces culturales; debido a que no reciben la orientación adecuada recurren a vestirse como personajes hollywoodenses (este Noviembre del 2008 fue verdaderamente patético observar multitud de disfraces estrambóticos: un centurion romano, un espantapájaros, zombies, etc., y el colmo: ¡¡un duende irlandés!!) desvirtuando con ello la verdadera esencia de la tradición, esta problemática aunada a la del nivel preescolar en donde las educadoras y padres de familia –cómplices involuntarios- disfrazan de este modo a los niños y organizan “desfiles” que parodian a las verdaderas máscaras ¿que destino le espera a esta tradición? ¿no sería mejor disfrazar a los niños de viejitos, viejitas, diablitos, curitas, espiritistas, tecolotitos, muertecitas e inculcarles de esta manera sus propias costumbres? No hay necesidad de adoptar costumbres extranjeras teniendo las nuestras mucho más auténticas y de mayor riqueza como es la fiesta de Todosantos y sus máscaras.
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