El muerto.
Toca el turno al acto del muerto: se trata de una muy bien elaborada trama con un fuerte trasfondo social en donde se ataca a ciertos estratos de la población. Por ejemplo, quienes han visto la dramatización saben que el médico es incapaz de curar al enfermo lo cual se puede leer entre paréntesis como el fracaso de la medicina occidental, de igual manera el clero tampoco puede aliviar al moribundo y es aquí donde se le satiriza: el cura y su auxiliar al cantar el responso en supuesto latín únicamente demuestran su interés por lo que les van a dar de comer y por el destino de las hijas del enfermo y su esposa. No obstante se le reconocen sus méritos ya que logran ahuyentar a los diablos, la muerte y el tecolote que merodean al paciente amenazando con llevárselo.
Por último, el espiritista o “espirituista” –el héroe de la trama- un personaje del pueblo, heredero de la sabiduría ancestral y de la terapéutica a base de hierbas revive al agonizante proclamando con ello el triunfo de la medicina tradicional sobre la ciencia y la religión representados por el doctor y el cura respectivamente.
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